El acompañamiento emocional respetuoso se basa en el apoyo a la vivencia emocional de otra persona desde la presencia activa, no directiva, reflejando al otro lo que comprendemos de su experiencia emocional, dejando en sus manos completamente la  vivencia de la emoción, mostrando nuestra compañía y comprensión, sin tratar de apropiarnos de la emoción o intentar gestionársela al otro.

En este sentido, acompañamos la vivencia emocional del otro respetando su proceso personal. El acompañante no ha de introducir nada propio, no ha de dirigir ni de apropiarse del proceso. El proceso emocional, la vivencia emocional de esa persona es como es, el otro sólo acompaña la vivencia emocional de esa persona, no introduce nada de sí mismo. Cuando vamos a acompañar emocionalmente nos ponemos al servicio de esa persona durante ese periodo de tiempo.

Para eso es imprescindible que nos sintamos a salvo, tranquilos y seguros para poder dedicarnos al acompañamiento emocional del otro. Si estamos inquietos o nerviosos, si tenemos miedo y nos vemos desbordados, no podemos acompañar. Acompañamos desde nuestra sensación de seguridad, tranquilidad y calma.

Si nos sentimos insegur@s, agredid@s o superad@s, no podemos acompañar. Siempre es necesario sentirse a salvo para poder acompañar. Para acompañar emocionalmente a otra persona tenemos que tener atención plena en el proceso. En ese momento nos ponemos al servicio del otro, de la persona que necesita ser acompañada y durante ese periodo de tiempo el protagonista es el otro.

Además, necesitamos disponer de tiempo para poder acompañar emocionalmente a otra persona. No puedo acompañar emocionalmente a una persona y saber que tengo prisa y me tengo que marchar. En ese momento no podría realizar el acompañamiento. Si surge una explosión emocional o un malestar que yo detecto que ha de ser acompañado, tengo que pensar si tengo tiempo para ello en ese momento. Si me tengo que ir a trabajar, quizá no puedo iniciar un acompañamiento. Tengo que ser consciente de que he de disponer de ese tiempo para poder hacerlo.

Por lo tanto, cuando queramos acompañar emocionalmente a otra persona, bien sea un niño que tiene un berrinche, un adulto frustrado, la decepción de nuestro hijo o la ilusión de una amiga, hemos de tener en cuenta que es esencial:

Sentirnos segur@s, estables y en calma
Prestar atención plena
Disponer de tiempo para ello
Si no se da alguna de estas tres condiciones, el acompañamiento emocional se verá muy limitado y, posiblemente, la persona a la que queremos acompañar no se sentirá atendida, validada, tenida en cuenta.

Por ello, resulta muy recomendable tomar conciencia y cuidar estas tres condiciones cuando nos veamos en una situación que requiere un acompañamiento y nos decidamos a llevarlo a cabo.

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Dra. Gloria Marcela Basto Beltrán
Md. Especialista en Psiquiatría
Especialista en trastornos de ansiedad.
Con formación en terapia de Pareja
Coach ontologico certificado
Formación en artes escénicas y psicodrama