En la vida laboral y profesional normalmente nos encontramos revisando nuestros logros y fracasos para poder aprender de ellos. Sin embargo, al iniciar un año, tenemos el desafío de evaluar las tareas que se realizaron durante el período anterior y fijar las metas para los próximos meses. Pero, ¿Cómo podemos hacer una planeación ajustada a la realidad, potenciando nuestras posibilidades?

La actitud y disposición  de quien fija sus objetivos es la clave. Los buenos resultados son una realidad si son verdaderamente parte de nuestro propósito vital y ponemos toda nuestra disposición en ello.

Cuando somos líderes contagiamos nuestra disposición a nuestro equipo de trabajo. Si somos arriesgados el resto lo será; si somos valientes, los demás también lo serán; si somos responsables, los otros también pondrán su empeño en serlo. Basta con un líder verdaderamente comprometido con el diseño y cumplimiento de objetivos para que éstos se acerquen a convertirse en metas cumplidas. Cada líder requerirá, por tanto ser un ‘yo’ que es y hace conforme a eso que es y cree.

Por otra parte, el contexto que se genere en torno a la revisión de resultados determinará ampliamente el éxito o fracaso en cara  hacia el siguiente ciclo. Si evaluamos nuestro trabajo con excesiva autocrítica, tensión y miedo nos transformamos en personas estresadas y con temor a nuevas iniciativas. Esto nos dificultará crear resultados extraordinarios, ya que estaremos buscando no equivocarnos  (como meta agendado en forma oculta) lo cual impedirá que avancemos.

Desafíos laborales

Si bien es importante detectar nuestros puntos débiles, la intención al autoevaluarnos debe ser comprender la razón por la cual existió un fracaso. Dicho en otras palabras, la clave no está en revisar las acciones erróneas, sino más bien en revisar qué ocurrió en nuestra mente y emociones, entenderlo, revisarlo y poner el foco en la solución y no en el problema.

Veamos un ejemplo:  En los deportistas de alto rendimiento, para alcanzar un récord requieren tener una relación sana con el fracaso. Si un deportista alcanza un récord en la ocasión número 100 es porque antes fracasó 99 veces. Entonces, su relación con el fracaso es directa y sana, abriéndole nuevas posibilidades para seguir adelante hasta que lo logre.

Pese a que esta temporada de los dos primeros meses del año, parecen ser un tiempo que invita a evaluarnos para lograr el éxito, la actitud de autoevaluación debe ser permanente y disciplinada, independientemente de la evaluación periódica y normalmente trimestral en las empresas. Cada persona, que ha adquirido protagonismo laboral, especialmente las mujeres (que antes no lo tenían y qué paso a paso lo han ido consiguiendo pese a la oposición de muchos varones y de incluso otras mujeres) requieren liderarse a sí mismos, revisar diariamente sus tareas y generar aprendizajes para reorientar su futuro y alcanzar objetivos insospechados.

Tomemos en cuenta las siguientes recomendaciones para salir airosos en nuestro diseño y cumplimiento de objetivos laborales y profesionales:

  1. Para asumir nuevos retos laborales es necesario estar preparado para afrontar el cambio. Es importante hacernos consientes de que se van a producir modificaciones en nuestro quehacer diario laboral.

Solo si se es consciente de ello y se ve el lado positivo, se podrán asumir nuevos retos en el trabajo porque se afrontarán de la manera más adecuada y se estará listo para rendir al máximo en las nuevas labores. En el supuesto de percibir el reto como algo negativo, probablemente no saldrá bien.

  1. Evitar pensamientos saboteadores y optar por tener una visión realista.
  2. Objetivos: Diseñar objetivos realistas pero ambiciosos y claros para asumir nuevos retos profesionales permitirá visualizar un norte que nos alienta en el camino. Las metas fantasiosas o por el contrario, las ideas distorsionadas pesimistas, entorpecerán nuestros logros.
  3. Es conveniente tener presente que se puede producir algún fracaso en la trayectoria y en los objetivos marcados. Es una posibilidad que se debe sopesar, pero ante la que no hay que paralizarse por el miedo. Ese sentimiento, si nos lo permitimos en forma continúa, nos impide avanzar, aparte de intervenir de manera negativa en la actividad profesional que desarrollemos.

En estas situaciones, es necesario tener confianza en Dios y en los talentos y atributos que nos ha dado y nos dará y mantener la confianza en nuestro equipo de trabajo, además de la obvia autoconfianza  y ser consciente de que un fracaso no es el fin del mundo. Todo lo contrario, sirve para aprender. Además, el término “fracaso” es bastante relativo en función de cada observador.

No es bueno confundir un fracaso con los pequeños errores, que normalmente se cometan al tener que realizar una nueva actividad laboral o una nueva función.

  1. Por último, para asumir nuevos retos laborales más fácilmente, es conveniente saber que se precisa de un tiempo para aprender las nuevas funciones o el trabajo que se tiene que desarrollar. De este modo, se debe fijar un período de tiempo, a modo de aprendizaje. Ser consiente de nuestras limitaciones es un paso adelante en el logro de metas extraordinarias. Abracemos nuestra dificultad y animemos a nosotros mismos y a nuestro equipo de compañeros a seguir hacia adelante.

Si necesitas acompañamiento en esa autoevaluación y diseño de objetivos, metas y proyectos laborales y de vida, o más aún si al evaluarte descubres que aún no tienes claras tus coordenadas personales, es decir tu propósito de vida (¿para qué estoy yo aquí, en la tierra? , ¿qué es eso que yo haría con gusto, aún sin remuneración?)

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